No puedo dejar de sentir cierta decepción por la carencia de
tolerancia que cada vez, es más evidente en nuestra sociedad.
Como todas las mañanas, me disponía a abordar el Transmetro,
que por cierto al albergar a decenas de personas durante sus viajes, pareciera
que se convierte en una jaula donde viajan animales a los que se les hace
imposible convivir juntos.
Al ingresar a este medio de transporte público, observé la
cabellera blanca de un anciano que acostumbra a sentarse en el mismo lugar
contiguo a la puerta y que por las constantes coincidencias sé que desciende en
la parada que sigue a la que utilicé para abordar.
Di unos pasos para situarme en un espacio que encontré cerca
del cansado hombre y cuando estuve cerca, justo e dispuso a ponerse de pie para
bajar del vehículo.
Una adolescente que por su aspecto, supongo que no pasaba
los 16 años, estaba justo al lado del anciano, obstruyendo el pequeño espacio
por el que debía pasar para llegar a la puerta y deteniéndose de un tubo que
serviría a él le serviría de apoyo para levantar su deteriorado cuerpo.
Al momento en que el hombre se puso de pie, debido a la,
supongo, poca educación de la joven que no mostró la mínima intención de
moverse, este la topó accidentalmente por el movimiento brusco del automotor.
Con una voz poco audible, el anciano dijo “disculpe” y ella
sólo hizo un gesto de enojo.
Tras una pausa para tomar aire, el hombre añadió “permiso
señorita” a lo que, como si se tratara del peor de los insultos, la adolescente
mutó su amargada expresión a una de ira y respondió “a la gran #~+^ ¿permiso
será? ¡Viejo estúpido!” y no se movió.
Por lo que él tuvo que exagerar aún más su postura encorvada
por el peso de los años, para pasar debajo de unos tubos que se situaban
enfrente.
¿Qué sucede con nuestra sociedad? Comprendo que muchas veces
se posee cierta disposición a explotar de ira con algo sencillo,debido a la carga
de problemas. Empero, ¿era necesario maltratar al anciano? ¿Costaba mucho moverse a un lado para que pasara?
Si bien cada quien es
responsable de sus actos,
me atrevo a
no culpar del
todo a la joven por esa
actitud poco tolerante, sino
también a
sus padres, tíos,
hermanos o quien sea que la haya
criado, por no enseñarle a
tener
un poco de consideración con
los adultos mayores.
Después de todo, la
vejez es hacia donde el tiempo nos dirige a todos…
