Se colocó el uniforme, comió algo y cuando el sol se situó en lo más alto del cielo, emprendió su camino hacia el instituto.
Parecía un buen día; con sus amigos romperían el silencio de la conformidad para exigir lo que por derecho les corresponde: educación de calidad.
El calor era sofocante, pero la novedad de bloquear una arteria de la ciudad la inundaba de adrenalina.
"¿Qué ocurre?, ¿por qué me rodean con rostros de preocupación?", se preguntó previo a perder la consciencia.
La realidad que experimentó esta mañana al despertar cambió. Mientras duerme en esa cama enumerada cree que se trata de una pesadilla, pero lo cierto es que le han arrebatado los pasos, saltos y bailes que le quedaban por dar.
